jueves, febrero 22, 2007

with a little help from my friends

Esa cancioncilla se hizo mundialmente famosa, y hasta el día de hoy se ha asociado a Joe Cocker, no sé si en Woodstock, Monterrey o por ahí en esos festivales llenos de alucinógenos, amor libre y borrachos por doquier. El tiempo de Sexo, Drogas y Rock & Roll. No tengo la menor idea de cómo se escribe, “you cóquer” se pronuncia. Muy poca gente (que no sepa de rock) sabe que en verdad la canción pertenece a los Beatles. La versión de los Beatles es irreconocible para aquellos que hemos escuchado aquella versión aguardentosa y reventada de Cocker. A mí me parece que hacer una versión de una canción de los Beatles y hacerla de manera tal que en verdad parece una canción distinta es un gran mérito de Cocker, como sea que se escriba ese apellido.

Pero a mí me gusta el título y la letrita, que es igual para ambas versiones, o casi. Eso “de lo voy a lograr siempre y cuando mis amigos me peguen una ayudadita”. La traducción es libre, mía, chilena, pero se acerca bastante a la versión inglesa. Lo puedo lograr, lo voy a alcanzar, lo conseguiré, sí, con una pequeña ayuda de mis amigos. Qué bonito. Qué lindo que a Lennon o a McCartney se le haya ocurrido poner aquello en una canción. Aquello que es como obvio en verdad para nosotros, los latinos, que no hacemos nada sin el otro, sin el vecino paleteado, sin la amiga de la universidad, sin el compañero de furgón escolar. ¿Qué sería de nosotros sin los amigos? Los amigos sirven, aunque te de lata reconocerlo. Los amigos que no sirven no son amigos me parece a mí. No digo que uno vea al amigo como algo útil, pero los amigos sirven.
Es decir, y poniéndolo desde el otro punto de vista, si tú tienes un amigo y él tiene un problema, cualquiera sea (no puede poner la funda limpia de su plumón o edredón; o no sabe cómo calcular el Chi cuadrado; o se le están cayendo las cosas de la bolsa de supermercado; o su guagua llora a grito pelado mientras el amigo tiene que cocinar y ya está atrasado) y tú lo estás viendo, si eres su amigo, lo vas a ayudar, no vas a esperar que te pida ayuda, lo más probable. Ahí vas a ir tú y le ayudarás a meter el plumón adentro de la funda, tarea siempre titánica para quienes no saben la técnica del panqueque; le vas a decir cómo miéchica se calcula el bendito Chi cuadrado, que sabe Dios para qué sirve; te vas a agachar de inmediato a recogerle las cosas del suelo; vas a tomar a la guagua, la vas a mecer, le vas a cantar, o te vas a ir a la cocina si sabes cocinar…

Lógico, ¿No? Obvio de obviedad diáfana y absoluta. Tengo, sin embargo, una amiga que me agradece cada vez que yo la ayudo en su vida hiper-estresada de madre separada con dos pequeñuelos, un padre que escasamente ayuda, un trabajo absorbente y agotador. Las pocas veces que he estado en esa casa, la he ayudado la máximo, lo que más he podido, por último jugando con sus pequeños monstruitos a ordenar los juguetes, metiéndole comida de juguetes a la mochila que se trasforma en un monstruo devorador de juguetes. O lo que sea. Para los hijos de mis amigos, yo siempre tengo tiempo de jugar, de tirarme al suelo, de escucharles sus historias, de contarles las mías, de hacerles panqueques en la mañana si alojo en esa casa, etc. No me molesta, todo lo contrario. Me encanta llegar y que pequeños pasitos me reciban con cariño y felicidad. Los hijos de mis amigos nunca me molestan, son mis “sobrinos” y los adoro a todos por igual. A Iñaki, a Arantza, a la Cami, a la Isi, a la Anais, al Ariel. Para ellos toda mi paciencia en la medida que mi vida me lo permita. Puedo estar “tomando el té” por largos minutos con la Anais, manejando naves espaciales con Iñaki, matando bichos en el PlayStation con Ariel y mi propio hijo, lo que sea. Me encanta jugar, porque nunca he crecido del todo, gracias a Dios. Así que no es ninguna ayuda, más bien es un verdadero placer.

Los amigos sirven, quieras o no verlo, sirven. Lo hacen sin querer, lo hacen porque te quieren, lo hacen porque de verdad son amigos.

Hay amigos que a uno le sirven para otras cosas, para la cosa muy humana de desahogarse del mundo, de llorar cuando nada parece resultar, el amigo que simple y sencillamente te escucha o te lee un mail desgarrado y te acoge sin juicio alguno, sencillamente te pasa un pañuelo desechable o te avisa que te leyó el mail, y punto. Mis queridos amigos que con paciencia infinita secan mis lágrimas una y otra vez, que cruzan desde Peñalolén hasta mi feudo, un viaje de dos horas, sólo para abrazarte y que tú le mojes la camisa, de tanto llorar, y eso que llevan suéter y camisa. Amigos que te miran con dignidad, que te creen que vas a triunfar cuando parece que nada indica que así ha de ser, que te defienden del juicio de otros, que están siempre leyendo lo que tú les envías, para “criticarte” (cosa que en verdad jamás ocurre, porque o no saben criticarte, o de verdad no encuentran nada criticable en lo que les mandas).
Amigos que reciben al otro lado del mundo todos tus mails, los archivan, los guardan, sobre todo los archivos adjuntos, el trabajo de dos años enteros que han quedado ahí, resguardados en Granada, la bella, y que cada vez que entras en el territorio angustioso de la pérdida de archivos porque el disquete se fregó, el computador murió para siempre, el pendrive cogió un virus, lo que sea, aquello que a mí me pasa más seguido que lo normal parece, te los reenvían todo, sin mayor demora, sin mayor trámite, y que funcionan como secretarios particulares.

Hoy escribo esto en verdad para agradecer a estos dos amigos, estos dos seres, uno en Peñalolén y el otro en Granada, por todo lo que me ayudaron leyéndome a Becca, mi novela que no se llama así, por supuesto. Sólo ellos saben el nombre, por lo demás. Ellos, Antonio y Etxe, me la han ido leyendo por partes, y aunque su mirada de la novela es completamente disímil (Etxe no le cambia nada, o casi nada, en verdad, me dice o me decía que está muy buena, y Antonio no ha parado de achacarme con una dispersión que existe y que en este minuto trato de remediar, cosiendo partes, sacándole otras, en fin, lijando y lijando y lijando, sacándole punta a la palabra de una manera feroz y despiadada), ambos me han ayudado enormemente.

Ahora quizá los necesito a ambos más que nunca, pero no puedo mandarles la versión completa, sé que cansa leer lo mismo tres o cuatro veces. Se la voy a mandar por capítulos a la señorita actriz. No porque ella esté por sobre ustedes, no se me pongan celosos (joder, los hombres son tan posesivos). Ella tiene la ventaja de que no ha leído la historia de Becca, Gastón, Rafael, Amanda, y Fernando, no sabe nada de nada y por lo tanto es la mirada fresca que yo necesito. Ella dice que es un honor, pero no tiene idea en el medio cacho en que se mete al recibirme la novela. Es decir, si lo logro y le mando algo decente, va a ser un honor, pero si no, va a ser un verdadero cacho. La voy a tener como al pobre Anto entendiendo todo al revés, todo cortado, todo fragmentado. No sé si la novela debe ser tan lineal tampoco, acabo de decidir que puede ir un poco fragmentada y dispersa, qué tanto. Mientras estén todos los elementos, quizá no sería tan malo en una de esas hacer pensar un poco al lector, capaz que en una de esas, los lectores piensen. Así como la niña que tenía una vida y ahora no sólo no tiene una vida sino que además es nadie (mi sobrina preciosa), cuando lee, piensa, capaz que existan lectores que piensen, digo yo. Yo leo para entretenerme, la verdad. Me gusta leer novelas que no pretenden nada aparte de entretener, como la saga de la Rowling, del joven mago Potter. Bueno, me gustan otros, menos livianitos como Cortázar, Dostoiewski, Chéjov, Quiroga, Auster (que me van a perdonar, pero no es para nada livianito, La trilogía de Nueva York se mete en aguas bien profundas, sobre todo en Ciudad de Cristal, nada menos que el rollo del lenguaje y lo humano, nada menos que eso). Pero si me gustan es porque se dejan leer, también. Rayuela es una cosa gloriosa pero se deja leer. Los detectives Salvajes, una novela que trata de la nada misma, donde no pasa nada, y en verdad pasa de todo, se deja leer, excepto que a mí me da demasiada comezón el talento de Bolaño. Nunca jamás he podido leer a Joyce más allá de la página cincuenta que es hasta donde me obligo a leer cualquier libro que no me guste, para darle la oportunidad hasta el último minuto. Algunos libros son leídos hasta la última página para darles la oportunidad, o por último no me gustan nunca pero debo reconocer el talento de todas formas, como Deseo, de la Jelineck, por ejemplo.

Ver El Sacrificio de Tarkovskiy significó un verdadero sacrificio para mi persona. Las dos veces que me lo vi, un tremendo sacrificio. De hecho, para mí y mi amiga que fue la única que se quedó a mi lado para el segundo intento de verla, esa película es un guiño que nos hace mearnos de la risa. “El Sacrificio” decimos y nos reímos y reímos. Tarkovskiy digo yo, y más risa, más y más risa. Puede que sea un gran cineasta pero por Dios que es latero Tarkovskiy… Creo que igual voy a verlo, al menos Nostalgia y quizá de nuevo Stalker (que en verdad salva mucho más que El Sacrificio), pero es un latero de marca mayor el ruso aquel. Kafka es un latero. Sastre, hum, no sé a ratos es latero también. Y absolutamente todos o casi todos los filósofos son unos lateros, todos casi sin excepción.

A mí me gusta que lo que leo sea legible, partamos por eso. No le veo gracia alguna a la literatura que no se entiende por no entenderse, por ser chorifay, por ser “más literatura”. No me gusta, no hay caso. Borges, por ejemplo, no es latero y tiene todos los elementos para serlo. Era una enciclopedia con patas, el muy simpático, pero yo no encuentro que sea latero leerlo. Todo lo contrario, uno lo toma y sólo quiere saber en qué va a terminar el cuento, con qué giro genial nos va a embolinar, cómo es que nos va a dejar mirando para otro lado, llenos de preguntas que de a poco nos van cayendo, pasados unos minutos o unos días luego de terminado el cuento. El inmortal, por ejemplo, o La escritura del Dios, o el mismísimo El Aleph. No son cuentos, son naves intergalácticas que surcan el espacio sin mayor ruido ni mayor pretensión, y que de pronto uno encuentra así, a boca de jarro frente a uno y uno casi se hace pichí de la impresión. Por no decir otra expresión más adecuada y menos elegante.

Mi novela no pretende nada más que contar la historia de Becca y sus “hermanos” asociados a ella. Contar lo que no pasa, más bien que lo que pasa, además. Suena raro, pero así es. Mientras cuento lo que no pasa, cuento además otras cosas que sí pasan. Tal cual. Ésa es mi descripción de mi novela. Una novela que se centra en contar lo que no pasa, y punto.

Escribo esto para agradecer, entonces, a mis dos grandes ayudantes en estos dos años difíciles en que Becca fue el hilo conductor de tantas otras cosillas que escribí. A Etxe, muchas, muchas, infinitas gracias por acoger mi novela, por no-criticarla (más bien complejizarme la mirada de algo que yo encuentro de lo más simple y básico), por pelarme a los personajes, de status socioeconómico medio alto y no bajo como según él debiera de ser, por exigirme ser una Manuel Rojas versión dos punto cero, siendo que yo estoy más cerca, mucho más cerca de la simple y entretenida Rowling…

A Antonio, por decirme tantas cosas que me desorientaron y aún me desorientan pero que me entregaron un montón de luces… demasiadas, quizá. No sé si la cosa va a terminar como culebrón venezolano, Antonio, pero si es así, bueno qué tanto, soy latina, soy mucho más simple de lo que tanto vos como el chileno del Etxe pretenden.

Soy lo que soy y escribo lo que escribo, y hago lo que puedo con la palabra, no me da para más. La historia no la inventé yo, estaba en el aire, una musa inmisericorde me la dictó, en noches en que no me dejó dormir, en tardes en que estuve ausente para todos incluido mi hijo. La historia de Becca se me ocurrió que la escribía yo, pero en verdad me la dicta una musa gritona, chillona, impaciente, dictatorial.

Gracias, pase lo que pase, muchas gracias. Esta novela no sería, no habría visto jamás el momento en que ahora está (a punto de estar para la Editorial, a punto, literalmente), sin la ayudadita de ustedes dos. Bueno, parece que fue un poco más que una ayudadita. Gracias, amigos. Sin ustedes, yo, igual que Becca sin Rafael, sin Gastón, estaría perdida, total y completamente perdida. Yo, lo mismo que Becca, no soy nada sin ustedes, sin mis hermanos del alma. Gracias, a Peñalolén, miles de gracias. Y saludos a la familia.

Gracias, a Granada, muchas gracias. Y saludos a los críos adolescentes, y a la mujer fantástica.

Desde el fondo de mi corazón, muchas e infinitas gracias por todo lo que han hecho por mí, ambos. Los amo a ambos, no saben en verdad cuánto. Pase lo que pase, los voy a amar hasta que me muera.

martes, febrero 20, 2007

Mi súper amigo el rockero

Me es virtual. Pero lo conozco en persona. Lo “conocí” en un Chat, pero casi de inmediato me vino la sospecha de que nos conocíamos en persona, aunque de lejos. En efecto, ambos estudiamos en la U de Conce, en los mismos años. Tenemos la misma edad. Él estudió Música, yo, Psicología. Ambos terminamos nuestras carreras más o menos en el mismo tiempo, carreteamos en los mismos lugares, nos emborrachamos en el mismo Foro, etc. Por eso sé que lo he visto, porque la primera vez que lo vi por la webcam le dije que lo había visto con sus amigos rockeros, todos de pelo largo, hablando fuerte y cagándose de la risa de todo. Aquella vez que lo vi, me cayó mal. Me suele suceder que cuando alguien me cae mal, así, sin mayor trámite, me pasa que luego la vida me lo devuelve como amigo y nos matamos de la risa el resto de nuestra vida diciéndonos lo mucho muy mal que nos caímos hasta antes de conocernos.

Pues bien, entonces lo conozco, sé cómo es su cara, su hermosa cara, su pelo largo de rockero, su caminada de macho-macho, etc. Ahora sé cómo es su bella alma. Sé que su alma es un bosque encantado y puro, sé que llegar hasta ahí es de lo más simple y fácil, sólo hay que solicitar entrar con el alma limpia y la mente pura y ya está. Sé que es una gran persona, que tiene bellos valores inculcados por una hermosa familia, sé que ama a sus amigos, a su familia, a su perrito Jordan (que es el perrito más lindo del mundo, su mejor amigo y quien lo saca de la pena cuando tiene mucha penita).

Sé que por sus venas no corre sangre, corre puro rock. Que admira a Steve Vai, que por él se esfuerza cada día más en ser el mejor guitarrista posible, que admira a muchos otros rockeros, que sus alumnos lo aman porque le ven la pasión por la música, sobre todo la música rock, pero en general toda la música-música. Sé que tiene historias muy entretenidas del mundo del rock para quien las quiera escuchar, que lo de Pink Floyd y Syd Barret y Wish you were here es una de las tantas canciones que ellos le escribieron al compañero que jamás abandonaron, y otras muchas más historias sabrosas, incluida la cosa que Bach es quien fundó las bases musicales del rock, o algo por ahí. Como tengo un hermano rockero que me tortura hasta la náusea con ACDC y su Back in Black, a veces y para poder conversar con él, le planteo estos temas que mi amigo rockero me dice y así podemos conversar largos ratos con él acerca de eso, de Bach (mi hermano está de acuerdo con mi amigo rockero, mi hermano también sabe una enormidad de música, y es un agrado sublime conversar con él de Rush, de Iron Maiden, de Steve Vai, etcétera).

A mi amigo rockero lo tengo invitado hace muchos días a que venga a mi casa a alojar, porque él vive en Conce aún, y la idea es que aloje en mi casa. No es que sea mala onda ni egoísta, pero casi preferiría que mi hermano rockero en esa ocasión no estuviera, porque estoy segura que si pasa tal, ambos huevones se van a hacer amigos y van a tocar hasta las dos AM, uno con la guitarra de palo y el otro con la eléctrica, dejando resentidos a todos en el barrio o arriesgando una amable visita de la policía por ruidos molestos.

No es que no me guste el rock, a ratos me encanta, pero vivir con un hermano rockero que sólo escucha rock a una la pone de parte de The Chemical Brothers a ratos. O de la Rocío Dúrcal (No renunciaré, gran interpretación), hasta de parte del Pop a secas en inglés o en castellano, ponte tú Miranda! Que a mí, sin vergüenza alguna, me encanta. Ni a mi hermano ni a mi amigo rockero les va a gustar jamás de los jamases esa música, antes se declaran maricones y se visten de rosado y se dan besos en la boca en lugares públicos. Pero uno necesita desintoxicarse de tanto decibel a ratos, al menos yo. Ellos podrían estar todo el día déle que suene al rock en la radio y luego irse a tocar sin mayor drama, una tocata de tres horas, entre que escuchan a otros y ellos mismos tocan. Ambos son apasionados por la cosita esta del rock y no hay tu tía, es así. No les corre sangre por las venas, les corre puro rock. Del viejo y del nuevo, pero rock, puro rock, en castellano o en inglés (mi hermano escucha a veces ciertos grupos en castellano, como los míticos Tumulto, ni idea mi amigo), pero rock. Si no es rock, no vale.

Bueno, a mí la gente apasionada hasta este punto por una sola cosita me provoca una ternura infinita. Yo me puedo levantar y acostar hablando de literatura, de Bolaño, de Cortázar, de Chéjov (por Dios, qué abandonado lo tenemos a Chéjov y sus cuentos magistrales), de Quiroga, de la Jelineck, de Auster (grandísimo gringo, grandísimo entre los grandes, me importa una cueva que Fresán diga que no es un gran escritor, sino sólo un gran narrador, si es por eso, yo aspiro a ser una gran narradora entonces, y me guardo en el bolsillo mis aspiraciones a ser gran escritora). Yo puedo pasarme sin comer sólo por el placer de prolongar la conversación acerca de literatura. Incluso (pero ya no lo hago más, nunca más) puedo soportar a todo tipo de personajes retorcidos cerca de mí por un par de horas, o por un poco más de un par de horas. Todo con tal de hablar de literatura. Bueno, lo de los personajes retorcidos ya no va más. Mis amigos-amigos me quieren independiente que me hayan leído. Mi vecina mormona, por ejemplo, no necesitó leerme para quererme y admirarme (y creerme que soy escritora). Yo me cansé, sencillamente de ser invisible. Me cansé redondamente de demostrar que soy inteligente. Nunca he escrito para que la gente me quiera más, como la Pizarnick. A mí la gente me quiere por lo que soy, y punto. Y curiosamente los que más me quieren me han leído la nada misma. Me encanta que me lean, no les voy a mentir, pero a partir de cierta fecha de mi vida en adelante, creo que eso de tirarle perlas a los chanchos ya no me va. Como dijo Etxe, a propósito de pasarle o no pasarle a la Jelineck a un pretendido escritorcillo (sólo Etxe lo ha leído, yo no, así que ni idea si será verdad que escribe) “No hay nadie que se lo merezca leer, por acá al menos”. Bueno, Etxe, yo encontré a quien pasarle a la Jelineck, que no me gusta, pero que convengamos en que hay que leer. Un muchacho, un simple muchacho de un ciber, al que he hecho leer a Auster y otros libros que he podido conseguir. El muchacho entra este año a estudiar Ingeniería y yo a toda costa quiero que no pierda su vocación por plantearse las cosas no sólo desde los cálculos y la frialdad. Quiero que conserve esa parte, que deje de leer a J.J. Benítez y lea literatura-literatura. Creo que en este caso no le tiro perlas a los chanchos, el muchacho es inteligente, y opinó de Auster algo muy atinado, que me gustó mucho.

Mi amigo rockero tampoco toca como toca la guitarra para que la gente lo quiera o lo admire. A él se lo quiere aparte. Aunque no tuviera el talento que sin duda alguna tiene, yo lo querría lo mismo. No necesito escucharle un solo acorde, yo lo quiero igual. Ahí veo lo que me pase cuando le escuche, lo más probable es que le admire, si cabe, un poco más. Porque yo le admiro demasiado, demasiado ya. Y no por el rock que en su caso es su sangre. Le admiro su alma, su bello y puro bosque encantado. Su corazón de oro. Su sensibilidad de artista de apariencia dura, pero de interior límpido y perfecto, como el mejor y más perfecto acorde con la mejor caja de resonancia.

Sé que otras personas me lo admiran a mi rockero sureño. Que hasta tiene groupies, lo que me hace mearme de la risa. Groupies, por Dios. Esa cosita que la gente te rodee y te siga por el aura de irresistible qué sé yo que exhalas, me da entre risa y náuseas a estas alturas. Sirve para el ego, parece. Pero mi amigo está tan lejos del ego en su bosque encantado, en que pocos penetramos. Ahí está sólo él, y es un bosque. Y el bosque es calmo y está siempre en armonía. Y en el bosque nada agrede, ni nada importa. En el bosque hermoso que es mi amigo, uno simplemente es.

Yo, no sé si tengo “groupies”, pero tengo un pequeño grupito de gente que dice admirar lo que yo hago con las palabrejas. Muchas gracias, por favor aplaudan de nuevo, y más fuerte. Gracias. Me quedo con mis amigos, mejor. Aquellos que me aplauden, pues me lo tengo muy merecido, yo escribo bien. Aquellos que además de encontrar que escribo bonito, encuentran que soy una persona buena, soy una persona en la que vale la pena invertir un poco más, lo que sea, pues, esos son los que me importan. Y claramente, de esos casi ninguno escribe. Casi. Salvemos al señor M. que escribe y hasta escribe bonito, incluso muy bonito. Salvemos a la actriz que escribe maravilloso pero que dice que escribe feo, dejémosle que piense que escribe feo; total, la cosa es que ella escribe para sanarse y eso siempre es bueno, independiente de las circunstancias. El resto no escribe, el resto dice que escribe pero jamás me ha mostrado nada. O hace mucho que no me muestra nada. Salvemos a Etxe, sólo por Septiembre, cumbre inalcanzable del relato breve. Sólo por Septiembre, se salva Etxe. Y porque me quiere, también. Porque yo sé que me quiere, salvamos al Etxe. Pero no escribo para que me quieran. Me gustaría sentir que Etxe es capaz de quererme afuera del territorio literario, del “motín” con que las palabras se toman por asalto el barco en el que vamos. Repito, yo no soy la Pizarnick, a mí la gente me quiere. No es tanta la gente que me quiere (no tengo un séquito de personas fascinadas con el aura de infinito qué sé yo que exhalo sin querer), pero me quieren, independiente que sepan la trama de mi novela o no, o me hayan leído una sola línea. Me quiere por los panqueques que les hago. Por las roscas que les frío. Por las heridas sobre las que les pongo un parche curita. Por los exámenes que les ayudo a pasar, a fin de año. Por los vasos de agua con el remedio (joder, todo por un maldito vaso de agua) que me esmero en hacer llegar hasta ellos cuando están enfermos. Por los desayunos en la cama con que los atiendo cuando honran mi casa con su presencia (aunque sean amigos borrachos de mi hermano, it’s anyway). Por eso, y por otras cosas que yo encuentro naturales porque en mi mundo eso es cotidiano. Siempre es para los dos lados. Bueno, casi siempre. Cuando me doy cuenta que sostenidamente es sólo de un lado, ahí me planteo que no, que parece que no somos amigos. No doy para pedir de vuelta. Pero sí me canso de dar, eso sí. Y cuando me canso, me canso en serio, muy en serio. Y no sólo dejo de dar, sino que empiezo a herir. Por lo que casi es mejor alejarse en serio de mí.

Mi amigo rockero fue uno de los que en línea se enteró de esto de mi novedad en el mundo editorial, que es una luz de esperanza en este invierno largo en que vivo a ratos. Esa esperanza que me tiene escribiendo y entregando la novela muy luego a ser sometida a escrutinio, así, de verdad, por una editorial de verdad. En cuanto se enteró, se alegró tanto como si le hubiesen anunciado que su CD de rock ya está listo o que se está vendiendo como pan caliente en las disquerías. Se alegró tanto, que me di cuenta que era de verdad mi amigo, y que no lo decía por buena crianza, ni por fórmula social. Él es mi amigo, es una gran persona, además es un medio mino, es guapísimo y está soltero. Pero les ruego a las solteras de mi edad o menores, que se abstengan de tratar de seducirlo si no vienen con el alma pura y limpia. Mi amigo se merece el amor en grande, el amor de verdad, se merece nada menos que a una buena mujer, y punto. Mi amigo se merece todo el amor del mundo, y no se sorprendan un ápice si tamaño mino, tamaño talento, de pronto es alcanzable. Mi amigo es alcanzable, no es ningún divo. Es un artista, y espero de todo corazón que sea cada día más conocido, no sólo en Conce y a ratos en Santiago. Pero aunque sea más conocido y más famoso que su admirado Steve Vai, mi amigo es alcanzable. Ya dije, es muy fácil entrar a ese bosque encantado. Sólo hay que solicitar entrar con el alma pura y listo.

Me siento profundamente orgullosa que me haya escogido como amiga, no saben cuánto. Y presiento que mi libro y su CD van a salir más o menos al unísono. Y presiento que eso es muy, muy luego.

Larga vida al rock.

Que suene a todo chancho, que reviente los parlantes, que la gente se vuelva loca por esa música hasta el fin de los tiempos.

Que un estadio lleno al tope reciba con una ovación delirante a mi amigo, a mi gran amigo Star Rock. Que en primera fila esté mi hermano. No, mejor que mi hermano esté tras bambalinas, calentando los dedos y empinándose un güiski para darse ánimos, porque al menos en un pedacito, va a salir él también, acompañando a mi amigo. Porque si siento que mi amigo es mi hermano, tiene que tocar con ese otro loco, ese otro rockero que está a ratos en mi casa, aunque sea un temita. Ese otro loco al que siempre he admirado, aunque nunca jamás se lo he dicho, de puro estúpida que soy.

Viva el rock. Que viva a todo, todo chancho.

domingo, febrero 18, 2007

la niña que no tenía una vida


By Bro (my beautiful niece).

Tengo una sobrina que se llama Verónica, es muy bonita y ella solía tener una vida… o algo parecido.
Resulta que ella vivía en la pequeña localidad de Maipo-Buin, algo que por supuesto no existe, pero cualquier idiota que lo lee sabe a qué carajo me refiero. Ahí tenía amistades (no muchas, pero tenía) y vecinos; también gozaba de teléfono, Internet, y televisión por cable. Su colegio le quedaba muy cerca de su actual residencia, de manera que si ella no quería estar en el colegio decía que le dolía la guata, llamaban al papá y en cuestión de segundos ella estaba afuera tomando el colectivo o esperando micro. Además, si ella no tenía plata podía simplemente irse en micro (que no le cobraba nada).

Casi al frente de su casa vivía una niña muy amiga de ella, muy simpática, chillona y chistosa, con quién ella podía conversar si no tenía nada que hacer, ir para su casa, etc. En Maipo también vivía un cabro que iba un curso más arriba que ella y él la amaba, lo que le daba un poco de entretención a su vida, algo que hiciera su vida no tan aburrida.

Ahí, ella también gozaba de una maldita plaza, en la cual solían haber ferias artesanales en verano y borrachos tirados en invierno, lo cual también era muy emocionante.

Ahí había una maldita calle pavimentada, a la que se le hacían pocitas con la lluvia y en la cual se podía patinar en primavera. Había un montón de estúpidas y ridículas calles, por las cuales caminar bajo la lluvia en los días de melancolía e invierno.

A minutos de su casa vivían amigas de ella, estaba el McMierda, la plaza, la iglesia, todo, ¡Maldita sea!.
Hasta que un día, un personaje, sin mucho interés por las vidas de la gente con una vida, llamado común y cotidianamente "padre", pensó que sería una buena idea irse a vivir a "Ningún Lugar", que es casi lo mismo que la localidad de "Nada", que es muy parecido en cuanto a estructura al pueblito de "La Chucha" ("¿Dónde vives? En La Chucha"), que es lo mismo que Huelquén.

Bueno, ahí se mudó la pobre Verónica, sin Internet, ni TV por cable, ni asfalto, ni teléfonos, ni gente. Como pueden imaginar, este paisaje rural provocó fuertes cambios en la actitud de Verónica, ella cambió mucho. Ya casi no veía tele. Se dedicó a explorar el pequeño librerito familiar. En casos de aburrimiento extremo estudiaba. Apreció la naturaleza, etc.

Pero todo este repentino cambio para bien de ella la llevó a una sola maldita conclusión:
Apenas hablaba con sus amigos en vacaciones.
No se conectaba a Internet.
No sabía nada de música (por falta de MTV).
No tenía comunicación alguna con el mundo.

En conclusión, ella ya no tenía una vida.

Todo esto no le pareció tanto, ya que sin una vida, uno puede hacer todo lo que uno quiera. Comprendió que no tener una vida es en el fondo la plena felicidad y libertad de hacer lo que uno quiera con su tiempo, ya que si ella tuviera una vida, habrían otras personas involucrados con ella, y amigos, y hermanos, pero todo eso daba lo mismo por que ella NO-TENÍA-UNA-VIDA.

Hasta que un día estúpido de su no-vida su tía escritora le hizo notar que ella no era nadie. Y ella le dijo a su tía que escribiera una historia de ella para que la gente se acordara de ella, al menos de cuando era alguien y tenía una maldita vida… o algo parecido. La tía pensó que era demasiado FOME escribir una historia sobre alguien que no tenía una vida, por lo tanto la sobrina escribió su propia historia, lo cual es patético, pero es lo que los nadies sin una vida suelen hacer.

F I N

Moraleja: si te obligan a irte a vivir al campo o dónde hay demasiada naturaleza, simplemente no vallas, o tírate a un pozo, o pégate un tiro, ya que puedes arriesgarte a dejar de tener una vida y a dejar de ser alguien, y podrías terminar tomando bebida en frascos de mermelada y a jugar carta blanca todo el maldito día, y también pinball… y también podrías dejar de tener una vida. El no tener una vida y no ser nadie también incluye el no bañarse en semanas y usar el mismo pijama por esas semanas, en no hacer absolutamente nada, o simplemente a tirarse en un sillón (o futón, es de su preferencia) a no ser nadie. Como conclusión yo, Verónica, la sobrina, le aconsejo que se conecte a Internet frecuente y saludablemente, que tenga algo así como "amigos" (ya que olvidé el sentido de esa palabra, junto con el de la palabra "gente", "muchedumbre", "vida social", "vida", "amistad", "persona", y todo lo que tiene que ver con ser alguien en la vida!), tenga mucha "vida social" y así, probablemente, será alguien. Si por casualidad dejó de tener una vida realmente no le recomiendo ir a hacer amigos al centro de Everwood, ya que sólo conseguirá ser más patético aún y, lo que es más patético aún que eso, tendrá amigos sin una vida, con los que se podrán juntar a no ser nadie, lo cual es muy confuso, penoso y estúpido, deseche a sus amigos sin una vida, o simplemente hágales notar que no son nadie, para que se sumerjan en un mar de infelicidad y lo dejen a usted tranquilo.

Moraleja dos punto cero (Escrita por la tía escritora): Leer hace mal. Leer hace mal: uno puede coger una vida a través de tanta lectura, más aún cuando uno ya no tiene una vida y ya no es nadie. Leer hace mal, porque hace pensar cosas interesantes, y pensar cosas interesantes hace mal, en este mundo donde los adolescentes no piensan un carajo. Leer hace mal, uno puede súbitamente subir las notas y hasta demostrarle al mundo que uno nunca fue tarada sino que hasta es inteligente. Pero leer hace mal, por sobre todo, porque uno puede convertirse en escritor, incluso a su pesar. Si por casualidad usted es adolescente, hágale caso a la bella, bellísima Bro y tenga una vida (amigos, Internet, MTV, vida social y charlas insulsas). Pero si usted es adolescente y no tiene aún una vida, absténgase de leer a Capote, Chiyo-Uno, Cortázar, etc. Si, por casualidad, usted es adolescente y se aburre rematadamente en el verano no se le vaya a ocurrir bajo ningún motivo abrir un libro. Los libros son extremadamente peligrosos, sobre todo los libros que hacen pensar.

viernes, febrero 09, 2007

los mormones, el béisbol y mi vecina

Me caen bien los mormones, y me molesta profundamente la mirada llena de prejuicios con los que en Chile se los mira. Les voy a decir una sola cosa: no he conocido a ningún mormón mala leche, ni mala persona. Además, su religión no es lo que la gente habla, sin saber en general nada, pero nada de nada, de lo que es la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. No voy a entrar en detalles dogmáticos o ideológicos, porque la religión yo me la vivo desde otro lado, nunca desde el dogma, y a veces pálidamente desde la ideología, pero tampoco así.

Las primeras a las que tuve el honor de conocer, y en mi antiguo barrio, fueron a las Hermanas mormonas que me ayudaron con mi inglés, y me dejaron la grata confirmación que yo hablaba inglés, que hasta ese momento no lo sabía, pero que hablaba inglés. He olvidado casi todos los nombres de las demás Hermanas y Elders gringos que me han ayudado con mi inglés, pero jamás olvidaré a la hermana Smith, cuando me dijo, bueno, hablemos inglés y empezó a escucharme, tartamudeando y a trastabillones, y sin embargo en inglés. Nunca olvidaré la mañana en que sólo hablamos de baseball, en que les pedí que por favor refrescaran mi conocimiento del juego de pelota que en mi ciudad natal es padre y señor (Campeones Nacionales del jueguito por tantas veces consecutivas que ya ni sé bien). Strike one.

Bueno, ya había conocido a otra mormona, una mujer bellísima que es madre de un compañero de curso de mi hijo. Un día, así, sin venir a cuento, soltó que era mormona, y yo así me enteré de ello. En ese entonces, todavía no unía su maravillosa entrega y su dulzura, al hecho de ser mormona. Strike two.

Pero el Strike three sucedió cuando llegué a mi barrio y me recibió primero que todos ella, mi vecina de enfrente. Bueno, no fue de inmediato, pero desde siempre hubo una química así, genial, entre ambas. Pasó todo el verano, el otoño y el invierno antes que yo cruzara a esa casa y pidiera patudamente hablar con ella, preguntar si la podía ayudar en algo, al escuchar las desalentadoras noticias acerca de su salud entregadas por su marido. Soy profesional de la salud mental y de alguna manera no elegida por mí, mi experticia en la salud a secas pasa por el tema del dolor, por un manejo bastante atinado del dolor físico, que brindo cada vez que alguien cercano a mí lo necesita. Antes de esa ocasión nos habíamos pedido mutuamente muchos favores, lápices, témperas, cuadernos, libros, textos, kilos de harina, de azúcar, tarros de café sucedáneo, iban y venían en un intercambio natural y relajado entre ambas casas. Luego de eso, de esa vez en que entré a su casa por primera vez de manera más íntimamente, hemos ido acercando distancias de a poco. Los favores siguen siendo mutuos y basados en un concepto de solidaridad que es exacto para ambas. Yo no cuento los kilos de harina que “le debo”, ni ella la cantidad de páginas que le analizo, haciéndole resúmenes más digeribles de sus apuntes densos que le pasan para aprobar sus ramos en su universidad.

Yo quiero a toda costa que termine sus estudios y la aliento cuando la veo desanimada y a punto de tirar la esponja. “Don’t give up” le digo en mi mente, cuando la veo así, desesperanzada y acosada de problemas, de tantos problemas a veces que siento que se merece un aplauso por sólo mantenerse en pie todos los días. Sus compañeros de universidad la adoran, y era que no. Puede que le cueste entender conceptos demasiado abstractos, o que le cueste retener ciertas informaciones complicadas de esos apuntes retorcidos que les dan a leer. A cualquiera le costaría aprender estando tan interferido por problemas tan acorraladores a ratos. Pero ella es la mejor compañera, sin duda. Además, se planta frente al curso y deja boquiabiertos a los profesores que ni idea de dónde salió ésta que ni está en las listas del curso, cada vez que le toca disertar. Habla con total seguridad y se maneja perfecto frente al curso. Consigue la atención de todos los compañeros, y los deja a todos claritos en lo que sea que ella les explique. Además es tan patuda que es la delegada del curso, no va muy seguido a clases, ni siquiera está en las listas de curso, pero es la que ordena el gallinero y consigue el DataShow para el compañero que trajo una presentación en PowerPoint y no la puede presentar, arriesgando la nota más importante del semestre. Habla con el don de la palabra amable pero asertiva, golpea todas las puertas por sus compañeros, recorre todos los niveles del conducto regular y consigue para su curso todo lo que su curso necesita.

Ella es bacán-bacán.

La última imagen que retengo en mi corazón de ella y nuestra relación matrística, naturalmente matrística, fue lo de las bolsitas-transantiago. Ella se consiguió una cantidad de cajitas de esos folletitos con el mapita transantiago para componer la bolsitas que ahora inundan Santiago a última hora. Llegué a verla y la encontré así, rodeada de una maraña de folletos, mapitas, volantes, bolsitas, stickers redondos, y cajas que había que llenar a razón de 22,-22, 23- 23, 25- 25- 25- 25 de bolsitas transantiago atadas por un elástico. Eran las ocho de la tarde, y me quedé hasta las seis de la mañana ahí, metiendo el folletito, el volante, y el dichoso mapita en un orden establecido, así de esa forma y no de otra, en una bolsita de plástico que luego dejaba cerca de ella que sellaba, contaba y amarraba (22-22, 23-23, 25- 25- 25- 25), sellando así una caja lista. Eran varias muchas cajitas las que había que hacer, y le pagaban una miseria, así que por supuesto yo en ningún momento consideré que estaba trabajando. Yo estaba en un carrete (fiesta, Anto), un extraño carrete en que sin parar nuestras manos embolsaban, sellaban, abrían nuevas cajas buscando más mapitas (los famosos mapitas era lo primero que se nos agotaba), más folletitos, más volantes. Y nos reíamos. Yo aproveché de contarle a ella unos cuantos pasajes de mi vida que ella desconocía, me reí de mí misma hasta el dolor de estómago con una cierta historia con un señor cubano, en fin, fue un poema. La cosa se me puso rayuelística y empecé a encontrarle una poesía insoportablemente bella al acto sin sentido de rellenar bolsita tras bolsita. En un minuto abrí un mapita, así porque sí, porque ninguno de los tres que estábamos en esa, había tenido el tiempo de hacerlo, ni de leer lo que nosotros embolsábamos a full time para el resto de Santiago. Abrí el mapita y me puse cortaziana, me puse Etienne parece, porque me maté de la risa. A las cinco de la mañana, nadie entendía nada de nada, y me encuentro con una cosa así como:

F 02 Pje. Andino Cno. Internacional.

Oye, pero si esto está clarito como el agua, le dije. Lo di vuelta y más me dio risa. El mapa es un poema, eso sí que es un poema. Lo imaginé de inmediato pegado en mi pared, con una planchita de plumavit al otro lado, y lleno de alfileres de colores por todos lados, como los de las series y películas de policías que resuelven asesinatos en serie. Imaginé de inmediato un alfilerazo de un color lindo para pincharle la casa a cada uno de los que quiero en esta ciudad maravillosa. Imaginé también un alfiler de un color menos amable para pinchar a donde viven aquellos que no me caen muy bien. De pronto me imaginé Santiago lleno de manchitas, mis manchitas de colores. El colegio de mi hijo, pum, un alfiler. La casa de la Pom, otro alfiler, la casa de mi amiga Silvia, otro. El trabajo del señor M, otro alfiler. El depa de la bella psicóloga, pum, otro alfiler. La Biblioteca Nacional, otro alfiler. Luego, y con el tiempo, he desechado la idea de pinchar con colores menos amables a los que no me caen muy bien. Me dije para mí misma, mejor no, para qué.

Me llegó mi bolsita a mi casa. Yo la abrí para leer el folleto, porque no lo había leído, y la volví a sellar. La tengo selladita, y no la quiero abrir hasta que sea absolutamente necesario. Me robé un mapa que sobró de la repartija de mapas en bolsitas. En verdad no lo robé, yo no puedo robar. Me lo encontré en el suelo, y lo pedí para mí, y me lo dieron. Ahora está el mapita al lado mío, pegado en la pared, como el bello poema que es. Sobre él he ido pegando otros poemas, escritos por mí en otros momentos de mi vida. Incluso pegué sobre él una de las pocas tareas que mi hijo copió el año pasado en clases, en un cierto período muy negro para mi compañero poeta de casi diez años. Trata sobre las palabras, y me gusta. Por eso va con su letrita imperfecta y su métrica a su aire, pegado justo sobre el sector J.

Sobre el resto del mapa, he pintado un corazón sobre más o menos donde debiera de quedar la casa de mis amores santiaguinos. Mis amigos, si viven en Santiago, les aseguro que si no están tapados por un poema, están pintaditos con un corazón en el mapa-poema del transantiago.

Ahora ella, mi vecina trabaja para un señor explotador que me recuerda a cada rato la frase esa de Jesús, acerca del camello y el ojo de la aguja. Paga una miseria y los explota a ambos, a ella y a su muchacho “adoptado-allegado” que tiene en casa. Al menos a ella no la explota de esa manera tan física, pero igual no tiene un segundo para sentarse ni para relajarse. Al otro, al muchacho lo tiene descargando y elevando cajas a cada momento. Vende montones, gana increíbles cantidades al día, y sin embargo a ellos les paga un sueldo de hambre. Les prometió el sueldo mínimo pero les pide trabajar 56 ó 60 horas semanales para dárselos. Es decir, trabajar todos los días de la semana para ganar lo mismo que otros ganan sólo trabajando 46 horas, de lunes a viernes. Nos sentamos en la noche, cuando ella llega, a comentar lo muy mala persona que nos parece este señor. No nos sorprende que nadie dure en ese trabajo, el trato que les da sus empleados, aparte de ser extenuante, es a ratos humillante. Ella dice que se va a quedar hasta que logre hacer la plata de la cuenta de la luz, por lo menos. Y es una cuenta abultada, así que va a tener que trabajar a razón de poco más que un dólar por hora, por muchas horas. Anoche le dije a mi vecina:

- Voy a escribir en el blog acerca de este viejo c..., para dejarlo como las pelotas frente a todo el mundo virtual que me lee.

Pero en verdad, aparte de dejarlo mal a él, yo quiero dejarla bien a ella. (En verdad, y actualizando esto, ya dejó ese trabajo donde nadie dura más allá de una semana). Quiero decirle, una vez más, a ella, que yo pienso que Dios, cuando nos mira a ambas y las tonteras de las que nos reímos, se sonríe. Bueno, quizá a veces se tapará la cara con una mano y suspirará mirando hacia sus alturas, cuando nos ve. Pero yo creo, yo quiero creer que cuando nos mira, Dios sonríe.

Home run, y la gallada afuera del estadio vuelta loca para atrapar la bola, a ver si consigue entrar gratis a observar lo que pasa en el diamante (qué lindo jueguito, cielos, qué lindo jueguito, qué bello sonido el del bate dándole con un sonido seco a la bola).

domingo, febrero 04, 2007

un abrazo desde El Abrazo


Escribí de mi barrio hace mucho tiempo atrás (Ella vive en el Abrazo). Creo que no lo puse en mi blog, y no sé si lo ponga algún día. Entre otras cosas, yo estaba muy feliz de vivir acá, porque venía de otro barrio cercano donde la apariencia, y sobre todo el aparentar eran una norma pesada de no seguir. He dicho en varias ocasiones que me parezco a mi padre, y es cierto. De él, de ese hombre maravilloso, heredé esa actitud despreocupada por lo que piensen de mí los demás, si siento que estoy yo en lo correcto, no me rebajo a darle el gusto a las normas impuestas por los ojos temerosos de otros. Si me dan ganas de cantar, canto a todo pulmón, por la calle, feliz, o triste, pero canto y el canto me eleva y me hace más alegría la alegría y menos pena la pena. Si me dan ganas de ayudar a alguien por ayudarlo (en el metro con sus maletas, en la calle con sus bolsas de la feria, por ejemplo) lo hago y punto. Eso descoloca enormemente a la gente, al menos a la gente de donde yo estaba viviendo. Era gente buena onda pero en extremo chilenas, es decir en extremo reprimidas. El qué dirán era más importante a veces que lo que les dice el corazón que hay que hacer. Mi paso por ese barrio anterior dejó a varias amigas, que me valoran muchísimo justamente por esta maldita espontaneidad mía. Les alegraba el día con mis ocurrencias. Ellas a mí me alegran todavía el alma, de recibirme en condiciones extrañas, y siempre acogerme, siempre, siempre. Jamás me han dicho "no" a ninguno de mis extraños favores.

Pues bueno, llegué a este barrio y encontré que el aire se des-complicaba mucho, pasando la barrera de los 18.000 y llegando a los 16.500 km. Desde o hacia no sé bien dónde. Cuatro diablos (cuatro espíritus más bien, pero no vamos a discutir acá de esto), dicen. En mapuduzún, obvio.
Casi llegando a mi nuevo barrio, una noche iba caminando por la calle, jueves o viernes, pleno verano. En la calle, una casa con las puertas del patio abiertas y un grupo musical de cabros jóvenes ensayando temas tropiclásicos, onda el Galeón Español, o Raquel (vení Raquel te vas a divertir...). El manso ni que carrete. Tremenda fiesta. La música sonaba bien, entusiasta. La gente de la cuadra no sólo no estaba molesta con "los ruidos molestos", estaba encantada. Un par de parejas se puso a bailar en medio de la calle. Los cabros miraban todo esto y lo encontraban genial, normal pero genial, y más le ponían azúcar y sabooor. Me dije para mí, esto no me lo cree nadie si lo cuento, así que mejor no lo contaba.

Acá me he pillado a muchos que como yo, les da por cantar en la calle, a todo pulmón, la canción que les eleva el alma. Andan así, a veces susurrando y otras a todo pulmón, pero andan. Yo cuando salgo a comprar me voy con la canción en los labios y no paro de cantar mientras me atienden. Mi alma necesita cantar, aunque yo cante como el culo y no tenga oído y todo eso que me dijeron alguna vez algunos profesores de música. Mi alma no entiende eso, necesita cantar igual.

Bueno, pero falta la misa. La misa en el Abrazo o en San Juan (yo estoy en medio de ambas villas, pero considero que todo esto es el Abrazo, simple y llanamente, todo es un solo abrazo para mí) es una cosa aparte. He estado en muchas parroquias y en todas se respira más o menos lo mismo, un sentido de comunidad y pertenencia, de ser parte de, una buena onda en Cristo. Las manos tomadas, todas las manos, de todos con todos en el Padrenuestro. Sí. A eso voy yo a misa, también. A ser parte de. Y a cantar, a elevar mi alma, a elevar mi canto hacia el Señor.

Ah, pero falta lo mejor. En el Abrazo el salmo se canta. Se canta, el coro, todos nosotros, y la letra del salmista (que fue hecha justamente para ser cantada), por una muchacha o a veces un señor. El salmo, que en otras misas es un trámite, acá se canta. La muchacha de hoy elevó su alma al señor diciendo esas cosas tan bonitas que alguna vez y en otra lengua, cantó David. Los pelos se me paran, es una experiencia realmente religiosa. Preciosa, la voz de la muchacha. Preciosa, su entrega a su alabanza. Precioso todo, entero.

En San Juan cantaba un muchacho, que ni idea si aún sigue, porque hace mucho que no voy a misa en San Juan. Un pobre pajarito que si ustedes lo ven, no le dan el menor mérito. A lo más se lo hubiesen quedado mirando por el mechón verde, y los piercings en la oreja y la nariz. Pero tenía el aplomo de ponerse frente a todos y elevar su alma al Señor, también. Y le cantaba esos cánticos que fueron hechos hace tanto ya, y que increíblemente no pierden su sentido todavía, y yo creo que jamás lo van a perder. Por supuesto, también cantaba hermoso. Cantaba con toda su alma ahí, para alabar a Dios, simple y llanamente. No se preocupaba de cantar bonito, aunque lo hacía bonito igual. Se preocupaba de cantarle al Señor.

La misa de Ramos, es tremenda. En esa ocasión el que canta el salmo es otro, es un hombre ya maduro, que canta aquello de que puede contar cada uno de sus huesos por tanto dolor infringido, y a uno se le corren las lágrimas. No hablo sólo de mí, hablo de que a todos se nos corren las lágrimas ("Oh, Señor, ¿por qué me has abandonado?"), a todos los que estamos ahí para decir Hosanna ese día con los ramos en las manos.

Me siento tan bacán, tan macanuda de vivir en este barrio en esas ocasiones.

Es cierto que he hablado mal del barrio muchas veces, es cierto eso. Que a veces me quiero ir, es cierto. No voy a caer en el mal gusto de escribirles acá las cosas que me hacen querer irme. Pero vuelvo, una y otra vez a recordar el poemazo de Redolés, Bello Barrio: Acá nadie discrimina a los homosexuales porque todos somos homosexuales, acá nadie discrimina a los comunistas porque todos somos comunistas, acá nadie discrimina a las mujeres porque todos somos mujeres. No me sé el orden y por supuesto no me lo sé de memoria. Que me perdone Mauricio Redolés.

Pero el Abrazo es un bello barrio, acá nadie discrimina a los que cantan para elevar su alma, porque acá todos cantamos para elevar el alma. Eso es bastante, es suficiente para mí por hoy.

Y si quieren venir a la misa del Abrazo y abrazarme ahí, pues bienvenidos. En verano estamos complicados de cura, pero se supone que es a las diez a.m., los domingos. En calle Egipto, a un par de cuadras de camino a los cuatro espíritus. Ojalá vinieran, los echo de menos a todos en el momento de dar la paz. Se las mando igual a todos, a todos los que me leen y los que no. Y rezo por ustedes, más que por mí. Yo ya no le pido casi a Él para mí. Le pido por cada uno de ustedes. Por la que está en Francia jugándosela por el amor. Por el de Peñalolén, no sólo en misa, sino a cada rato. Por mi vecina mormona, que la está pasando tan re mal. Por la bella psicóloga que está a cargo del personal de tremendo hospital. Por mi amigo rockero, para que su CD le salga y salga todo ok, que las puertas se le abran. Por la actriz que me lee en este minuto, para que se haga amiga de su tristeza, como antes pero no igual, que la invite a tomar el té, la reciba, le cuente sus novedades (la tristeza necesita tanto saber de ti, te acompañó tantos años, no la puedes despedir así sin más). Por el Eo, para que publique ese libro de cuentos (o la novela) sci-fi de una buena vez, y para que lo dejen tener vacaciones-vacaciones. Por la Pom, porque sí, porque siempre pido por la Pom. Por el Migue, su marido, para que lo descubran y lo descubramos todo en la pantalla chica, porque se lo merece, porque lo hace bien, porque lo necesita para taparle la boca a tanta gente mala leche. Por todos mis amigos, por todos incluso aquellos que acá no nombro, incluido el señor M., mi querido y deconocido-conocido señor M. Y por mi Anto querido y requetecontra querido, mi más fiel de los fieles.

Yo ya no rezo para pedir, yo rezo para dar las gracias. Tengo a todos mis amigos rezando por mí. Tengo a todos los monos rezando. Por eso, también doy las gracias al Pulento. Así que si leen esto, por favor, de verdad recen por mí. Como sea que sea que usteden recen, le llamen "mandar buenas vibras" o como sea. Recen por mí, de verdad y por favor, porque mi milagro está a la vuelta de la esquina y ustedes son parte del milagro.

Desde el Abrazo, les mando un tremendo abrazo a todos.

Y bienvenida, señorita actriz, muy bienvenida, y gracias por leerme. Y hace mucho tiempo bienvenido señor M. Muchas gracias por leerme, todos.

fe de ratitas (sorry, folks)

Donde dice "He lying on ..." ; "He lying at ..."

debiera decir "He's lying on..." ; "He's lying at..."

me comí la 's, perdonen, soy shilena.

solemos comernos la s en shile.

jueves, febrero 01, 2007

mermelada de perlas / la poesía puesta en música

Mi mejor amigo me los presentó, a los Mermelada de Perlas. Es decir, yo los conocía de antes ¿Quién no ha escuchado Jeremy, acaso? Pero mi amigo, en línea, hace mucho, mucho tiempo, en la prehistoria de nuestra historia, cuando yo todavía no me daba cuenta que lo amaba como lo amo, me fue pidiendo línea por línea (y en línea) la traducción de una cosa. Yo se lo fui traduciendo frase, por frase. Llegamos a lie (she lies) y lo puse como “ella yace”, porque las líneas anteriores me indicaban que nadie espera, si no es dormido, a nadie a esas horas infectas. Ni menos soñando en rojo. Luego, más tarde, consulté el diccionario y supe que she lies es siempre ella yace, sobre todo si en el contexto hay algo que lo indique. Que lo de las mentiras era para lying, no más. Mi amigo en ese tiempo estaba contaminado de una misoginia espantosa (contradicción terrible porque ya en ese entonces me adoraba, pero bueno, ése es tema de mi amigo), e insistía en que “ella miente”, pero yo lo traté de sacar de su error. No me creyó de inmediato, aunque yo le expliqué que el inglés de pronto puede ser tremendamente perturbador porque una palabra puede significar dos cosas tan disímiles al mismo tiempo. Imagínense decir que alguien está yaciendo en el sofá del analista. He lying on the psychoanalyst’s couch (¿O es “He lying at...”? eterna duda). Bueno, se puede leer levemente ambiguo. De hecho hay un libro que se llama así, no recuerdo muy bien el nombre y evitaré pegarme el salto, pero se puede traducir al mismo tiempo como “mintiendo en el sofá” o “yaciendo en el sofá”. Sólo que hay una trampita, el verbo se conjuga distinto en su gerundio, según la expresión sea mentir o yacer, me han explicado los gringos, pero es de una sutileza enorme, incluso para los propios gringos. Aún así, los gringos leen la paradoja del título.
Bueno, los Mermelada de Perlas me fueron presentados de este modo. Luego, mi mejor amigo me siguió mandando pedazos de sus letras, que yo aún no sabía que eran canciones, y le seguí ayudando a descubrir la maravilla profunda de esos poemas, de esas perlas. Yo, incluso le dije, bueno, esto es del mismo autor, Etxe, porque se nota la misma fuerza, la misma intensidad de las imágenes. Yo me he peleado toda la vida con mi yo-poeta, jamás me he creído poeta, pero vivo rodeada de poetas. Tengo a un pequeño poeta en casa, además, al que crío o malcrío a mi aire, un compañero de camino al que recibí en mi útero hace más de diez años. Hijo de otro poeta, al que me refiero muchas veces como el hombre de mi vida. Mi mejor amigo es poeta, aunque no lo sabe todavía. Me carteo incesable e incansablemente con uno de los mejores poetas de Colombia. Pero no, yo no sé de poesía, me digo. De verdad, no sé. La poesía me hace sentir cosas, no más, y punto. Pero no puedo, no me siento capacitada para hablar de poesía, aunque sé que lo estoy haciendo de todas formas.
Y tienen que venir a mí los Mermelada de Perlas, con sus letras plagadas de imágenes preciosas, más encima. A veces los escucho, y no puedo evitar encontrar esos trozos de lo que traduje, aunque el inconsciente y egoísta de mi amigo todavía no me hace escuchar esas dos canciones. Esa donde ella yace en la cama, sueña en rojo y piensa que no podría tener un mejor hombre. O esa otra donde alguien pinta, y extiende sus brazos en V, como un pájaro.
En fin, los Mermelada de Perlas son un gran aporte, una bella sorpresa para el mundo de por acá, acostumbrado a denostar de entrada a todo lo que huela a gringo. Bueno, bien merecido se lo tienen los giles, por comer lo que comen, por ser como son, votar por Bush y etcétera, pero etcétera de verdad. Un etcétera manchado de tanta sangre. Sin embargo, no todo lo que los gringos producen es malo. El talento no conoce fronteras. Los Mermelada de Perlas son un ejemplo. Me han dicho que Rush también tiene unas letras impresionantes, que su letrista gana concursos de poesía con sus lyrics por ese lado del planeta, y por qué no lo voy a creer, sobre todo si el que me dio el dato es un gringo.
Y también descubrí a Leonard Cohen, que ni idea si es gringo o no (no lo recuerdo, la verdad), pero que descubrí en un libro y luego me anunciaron que canta, que saca canciones, que sus canciones están asociadas a Tarantino, a las películas de Tarantino. Ése tipo me dejó también muy marcada, el Mago aquel. Unas imágenes que me inoculó, impresionantes. Y creo que lo he escuchado, pero muy poco. Sólo lo tuve en mis manos unos breves minutos, o quizá fue mucho más que unos breves minutos, pero fue el responsable de uno de mis más terribles bochornos, y si volviera el tiempo atrás, creo que de nuevo me lo vuelvo a leer hasta olvidarme del tiempo, del lugar y de las circunstancias en que lo estoy leyendo y vuelvo a pasar por el bochorno de nuevo. Era eso, o la vergüenza de quedar de ladrona de libros, o más que ladrona, de una book’s borrower, porque lo hubiese simplemente “tomado sin permiso con intención de devolverlo a la brevedad”, una vez fotocopiado. Ese Mago bien valía la pena ése y otros bochornos, me parece a mí.
No hablo de una canción cuya letra te gusta como para cantarla a todo pulmón, como las de Fito, o qué sé yo, otras. No, hablo de letras que deben ser escuchadas, escuchadas y escuchadas con el alma abierta. Hablo de poemas puestos en música, puestos ahí mismito donde salieron los poemas, hace quizá cuánto tiempo atrás en la noche de los tiempos. ¿Ustedes han soñado en un color? Pues, ella, la mujer de ese poema, sueña en un color, sueña en rojo. ¿Se lo imaginan? Es bello, simplemente, me parece a mí. Humildemente, de quien no sabe un carajo de poesía, a mí me parece bello. No es una letra como para decir “a rodar, a rodar, a rodar la vida” con todo el respeto y el amor que le tengo a Fito. No es una canción para cantarla no más. Es como La paloma de Alberti (“Se equivocaba la paloma, se equivocaba...”), o como el bello trabajo, insuperable a partir de ese momento y para siempre, que hicieron Los Jaivas cantando a Neruda, en Alturas de Macchu Picchu. Uno se puede hacer el tonto y cantarla no más pero llega un momento en que uno se transforma en Neruda y grita “¡afilad los cuchillos que guardasteis!/ Ponedlos en mi pecho y en mi mano/ como un río de rayos amarillos/ como un río de tigres encerrados/ y dejadme llorar/ horas/ días/ años/ edades ciegas/ siglos estelares” (la métrica es la que impone el Gato Alquinta a grito pelado, no tengo a Neruda en casa en este momento) casi con las lágrimas cayéndosele desde lo más profundamente americano que uno es.
Bueno, los Mermelada de Perlas no son tanto, obvio. Nada supera a Neruda a ratos, me parece a mí, y no es que sea nerudiana, los que me conocen saben bien que no lo soy. Pero hay que reconocerle a Neruda la grandeza, sobre todo en Alturas de Macchu Pichu, no tanto así en el Canto General (la obra total, digamos, que es el Canto General), demasiado dañado por la contingencia, por la ideología me parece a mí. Lo digo humilde porque insisto, yo de poesía no sé nada de nada. Así que me arriesgo a recibir de vuelta de todo tipo de comentarios. No soy experta, ya dije. Háganme tiras a comentarios si lo amerito, por favor. Sobre todo aquellos que sean poetas de verdad.
Mis amigos poetas de cuando yo iba a taller me impresionaron demasiado parece, porque yo nunca escuchaba sinfonías ni cantos al escuchar un poema, como mi dulce y siempre perdido en el mundo Eduardo, gran poeta, grande entre los grandes. Yo sólo veo imágenes que me atrapan y me embarazan de cosas que se quedan conmigo por un rato, por un buen rato.

Los Mermelada de Perlas están ahí, todavía para mí, para que yo siga recibiendo sus perlas, de una en una, en un suave e incesante goteo, de parte del poeta de Etxe.

lunes, octubre 30, 2006

aniversario

No es que sea obsesiva con las fechas. La verdad, a veces no llevo la cuenta exacta de cómo la gente entra en mi vida para quedarse. Los hombres siempre reclaman de nosotras un excesivo, puntilloso, acucioso registro de nuestras fechas, la primera vez que nos vimos, la primera cita, el primer beso, etc. Yo recuerdo las fechas aproximadas por los eventos que las rodean, y a veces tengo la total certeza.
Este es mi caso, al recordar que hace exactamente un año, del 31 de octubre al 1º de noviembre, hice contacto por primera vez con Nadie, mi actual gran amigo. Me resulta imposible no recordar el barullo por jalogüín en el barrio, los niños disfrazados, los jóvenes bebiendo en las calles, el jolgorio por un fin de semana, que hace un año tocó más largo de lo normal, gracias a lo de la festividad de todos los santos. Recuerdo que en el chat en que ambos estábamos, él se dedicaba a decirles a todos los presentes lo inútil de sus vidas, lo vacua de su existencia, en resumen, a tirar mierda por encargo y sin discriminación alguna. Pero recuerdo perfectamente que también nombraba a ciertos filósofos junto con poetas malditos. En fin, no recuerdo quién abrió un privado con el otro, Nadie dice que fue él, y yo no lo recuerdo, como tampoco me sorprendería demasiado de enterarme que fui yo la que acercó las distancias por primera vez.
Recuerdo también, con claridad total, que lo que más conversamos fue acerca de mi nick y todo lo que conllevaba, es decir, hablamos de Cortázar, aunq ue me costó mucho, de pronto caer en sus códigos. Hablaba de Julio y yo nunca le he tuteado a Cortázar. Creo que en verdad, jamás tuteo a mis escritores favoritos. Hablo de Bolaño, de Auster, de Borges, de la Bombal, de Dostoiewski, de Tolstoi, de Chéjov, de Quiroga, de la Durás. Me costó mucho, por tanto, entender que hablábamos de un mismo señor, a quien yo sólo nombro por el apellido y él insistía en nombrar por el nombre, como si lo hubiese conocido en persona. Hablamos también de mi nick, de aquel personaje adorable, a quien ambos amábamos por igual.
Aunque en contra de todos mis preceptos, lo agregué a mi msn, y por ahí charlamos un poco más, antes de despedirnos. Yo notaba cierta incoherencia y ceguera a lo que yo le decía, en el diálogo escrito, siempre tan extraño (teclear con un desconocido suele ser abismantemente más cercano que hacerlo con el vecino de todos los días, a veces). Quedamos de vernos al otro día. Recuerdo también que me dijo que escribía, lo que automáticamente le creí, a pesar de sus faltas de ortografía, espantosas, dada la cantidad de autores citados de manera correcta. Yo le dije que también escribía, pero él por supuesto, no lo recordó la próxima vez que estuvimos en línea. Creo que desde esa primera vez, y hasta el día de hoy, las letras son el tema que nos une.
El primer encuentro, en la plaza Brasil, jamás ocurrió. Estaba destinado al fracaso, rotundamente, no sólo porque yo llegué tardísimo gracias a que ese día mi hermano ocupó despreocupadamente el baño, sino porque además, él llegó dos horas antes, confundido no sólo en la hora, sino también en el lugar. Yo dije plaza Brasil y él insiste (hasta el día de hoy) que era en Brasil con la Alameda. Estaba borracho aquel día, por supuesto yo no lo supe sino hasta varios días.
De ahí en más, nuestros contactos fueron en exclusiva por messenger y por mails. Yo partí explicándole las circunstancias de mi retraso, y luego él me contestó, y luego yo de nuevo y así. Un par de meses después, vino a mi casa y nos conocimos en persona. Hablamos, casi exclusivamente, de letras, nos mostramos lo que ambos escribíamos (al menos a mano, porque ya habíamos intercambiado varios escritos por internet), le hablé de Becca y los demás personajes, él se sorprendía de mi forma de tratarles, como si me fueran cercanos o muy queridos (y, la verdad, lo son).
Una vez, al presentarle a una de mis amigas, ella preguntó las circunstancias de nuestra amistad y yo dije algo como:
-Comenzamos una conversación acerca de la literatura que dura hasta el día de hoy...

En el transcurso de este año nos hemos hecho tan cercanos que me cuesta enormidad aceptar que es tan sólo un año lo que llevamos en este trance. Ha venido a mi casa, a alojarse, y yo también he dormido en su casa, varias veces. Hemos dejado el tema de la literatura a veces en esquinas o rincones y hemos sido simplemente amigos. Hemos caminado bajo la lluvia, y nos hemos perdido de todos los rumbos sensatos posibles. Ha conocido a parte de mis familias, la de la sangre y la de mis amigas. He conocido a su familia y a sus amigos que empiezan con E. Hemos caminado, sobretodo, por la ciudad que ambos amamos, aunque soy la única entusiasta en reconocerlo. A veces nos peleamos, nos decimos cosas espantosas por mail o por el Messenger. Lo he bloqueado de mi msn varias veces y siempre termino por aceptarlo nuevamente. Él me provoca, según él, por gusto, por reírse. Yo a veces lo provoco sin darme la menor cuenta.
Él insiste en decir que yo soy extraordinaria. Que soy genial. Yo digo de él cosas lindas, sobre todo de su alma que impregna todas sus acciones a ratos, sin que él se entere un carajo. Le explico que lleva un dragón fosforescente en su interior, que de pronto tira chispitas en sus escritos. Me gusta como escribe, sobre todo desde un tiempo a esta parte. No me importa que sea un resentido social o un inconformista o un tipo que lo encuentra todo mal, en todo ámbito de cosas, ni que diga que soy una optimista ingenua que siempre le encuentro el lado amable a las cosas y a las personas. Me encanta su voz, cuando se lee a sí mismo o cuando me lee pasajes enteros de Becca, con la voz de Alek, porque él tiene la voz de Alek, el amante de mi Becca tan querida. Puedo estar con él, compartiendo el silencio o hablando del tipo de porno que a ambos nos gusta ver, o de Volpi al que no hemos leído, o de Tolstoi, o de Stalker, la película de Tarkovski, que es de culto para mi amigo, y que aún no logro ver completa.
Me encanta su risa maldita y maleva, y al mismo tiempo infantil y profunda. Me encanta molestarlo, cuando viene a casa, con ciertos temas que ya me sé de memoria.
Hace apenas un año que lo conozco, y es como si le conociera desde siempre, desde hace muchísimos años. Como si hubiese sido mi mejor amigo en mi infancia, mi adolescencia y mi juventud. Me siento cómoda y completamente en paz, aligerada del peso del dolor de mi alma.
Hace apenas un año, que Dios, una vez más siendo grande conmigo (al igual que lo ha sido cada vez que me brinda un amigo) lo puso en mi camino.


domingo, octubre 22, 2006

Los negacionistas, el porno, Antonio y mi oscuro animal hambriento.

Nunca he sabido muy bien cuál es el límite entre un relato erótico y uno porno. En las páginas de internet que me salieron al poner “relatos eróticos” la mayoría estaban en una página donde se mostraban imágenes explícitamente sexuales, se anunciaban video-porno-chats con distintas señoritas, en fin, una vez más el triunfo de lo triple equis en la net. Encontré sólo una página en la que los relatos eróticos correspondían a una de tantas categorías a leer en línea, y en que el tema era simplemente la narrativa en general y en particular. Había otras páginas que eran exclusivamente de relatos eróticos, sólo letras y nada más y esas eran un poco un remanso, un oasis, dentro de tanta imagen cachonda que de tanto verlas, no sé, como que aburre.

Hace algún tiempo entré en el mundo de los negacionistas, a través justamente del mundo blogger. La cosa sucedió así: entré a mi blog, o revisaba el blog en conjunto, qué sé yo, y apreté el botoncito, el dichoso botoncito de next blog, y así, como cada tanto, comencé el viaje que nunca se sabe en qué va a terminar, ustedes ya saben, al menos, ya lo he dicho acá, lo extraño, retorcido y diverso que puede resultar el mundo de los que lo dicen todo a través de un blog.
Encontré un blog muy fome (es decir, aburrido) pero en que decía que el dueño del blog era editor de una revista literaria on line. Pinché el bendito link y empecé a leer. Me encontré con un cuento que me gustó algo más que un algo. Lo firmaba un tal Julián Molina, y salía un e-mail a su nombre. Le escribí, y me contestó. Eso ya era la gloria para mí, que me contesten los mails que mando a nombre de yo-su-humilde-lectora es algo que me pone muy contenta. O digámoslo de otra manera: nada me enoja más que alguien no me conteste un mail que yo le haya escrito para comentarle que le he leído. Bueno, el señor en cuestión vive en Bogotá, no se llamaba tal, y dijo ser poeta y no sólo poeta sino además dijo ser poeta negacionista. Dijo que los negacionistas son cuatro en total, todos bogotanos. En este minuto no tengo acceso a net, pero podría asegurar que esto lleva más de un mes, sí de hecho, lo lleva, porque recuerdo perfectamente que empezó una semana o poco más, antes de mi cumpleaños. Yo cumplo el 16 de septiembre, por si alguien se le ocurre mandarme un notebook para el próximo año. Bueno, también se aceptan especies o especias. Ya, y libros, sobretodo de Paul Auster. O, por último, dinero.

Bueno, los negacionistas... no me pidan que explique lo que es el Negacionismo porque es una trampa, una martingala, una paradoja imposible el sólo hecho de intentar plantear siquiera una definición o explicación de lo que es. Es como explicar el silencio en palabras, en cuanto lo intentas, lo rompes. De alguna manera, es un poco como los peces del abismo, esa metáfora mía, la del escondondrapio o profundoscopio. En cuanto tocan la superficie, los peces del abismo ya no son lo que eran y no tiene sentido buscar en ellos, los-peces-del-abismo-en-la-superficie la gracia y monstruosa belleza traslúcida que era lo que tanto nos atraía cuando era abisal su existencia.

Bueno ¿pero qué tienen que ver los negacionistas con esto de lo erótico o porno? Se preguntarán ustedes, supongo. El caso es el cuentito en cuestión del mi amigo negacionista (el mismo que me imaginaba con polera café y ahora visualizo con pelo muy largo y cara de simpático, de hermano menor o primo cercano, porque ya me envió unas fotos e increíblemente las pude ver, con lo tonta que soy para lo multimedia). Y otros cuentos o relatos, no sólo de él, mi amigo negacionista, si no de los otros negacionistas. El tenor de varios de estos relatos es lo erótico o, hum, no sé, porno.

Y ahí empiezo a machacarme con lo de la línea que separa lo erótico de lo porno. No sé. Me cuesta mucho la división entre una cosa y la otra. Supongo que lo porno es mucho más visual en sus descripciones, como discutíamos brevemente con el Anto, a propósito de la lectura de un relato hot recientemente escrito por mí en un ejercicio por explorar aquello. Sí, puede ser. Lo erótico suele estar más plagado de imágenes, de sensaciones, de significados asociados. Lo porno es más se lo metí, me lo comió, me pidió más, etc. Lo erótico es más como los diálogos con mi animalito lascivo y perverso. En fin, pero igual es difícil a veces la línea. Yo, para cierto cuento (cuento, que, ha de decirse, a mí me gusta mucho, y le tengo un afecto especial, enorme, a estas alturas ya, lo que me imposibilita su disección crítica) evité activamente nombrar los genitales, el sexo. Inevitablemente no pude evitar nombrar ciertas acciones pero siempre lo hice desde una metáfora, eufemismo si se quiere, o quizá una manera más amable de nombrar las cosas.

Luego de leer varios de los de este “hatajo” bogotano, me empezó a rondar la idea de escribir ese cuentito que comenté con mi amigo el Anto en las escasas veces en que nos pillamos en línea y no discutimos ni nos agarramos del moño.

Además, está el pequeño detalle que hoy es el cumpleaños de Migue, el marido de la Pom, gracias al cual, entre otras cosas, estoy escribiendo ahora en mi casa (el PC). Y resulta que él siempre queda con hambre de leerme, no le gusta el tono tan velado de mi erotismo. Quiere algo más duro, más de frentón porno, parece. Bueno, mezclando todo eso en la coctelera, salió el cuentito hot aquel, que, obvio, no está perfecto, aún, pero me parece que se va de regalo para el Migue. Digamos que lo escribí de un tirón, respetando las reglas de ese tipo de relatos, o sea, siendo bien visual, un poco misógina o más bien misógino (el narrador es un hombre y como últimamente me junto o me escribo con tanto misógino...), eso.

El tema es que me quedó gustando hacerlo, quizá escriba un par más, para el pobre Anto. Lo de pobre es un guiño, la verdad. Ayer, en línea, hablamos un poco más de lo mismo, el hambre eterna (¿está bien dicha el hambre eterna? Si es “el” hambre, debiera ser eterno, pero suena espantoso el hambre eterno, o la hambre eterna) que nos consume de a ratos. Pienso en mi animalito, el que me habita en mi centro húmedo y a ratos ocupa todo mi cuerpo. Pienso en cómo éste puede estar adormecido por largo rato y de pronto imagino que lo que le pasa al Anto tiene que ver con despertar ese animalito en ella. O, no sé, quizá haya mujeres que no tengan ese animalito, no más, pero lo dudo. Es tan raro eso, en verdad, al menos acá en Chile, cómo las mujeres se hacen dueñas de su deseo y de su placer. Hay siglos de colonialismo infiltrados hasta la médula. Y hay como una moda en hablar de la liberación de las mujeres en ese aspecto, que yo siento profundamente falsa. Es raro, el sexo lo ocupa todo en los avisos comerciales, es el principal gancho para vender desde autos hasta cerveza (tal cual la canción de Los prisioneros: el mejor gancho comercial), abunda en la red, en fin, todo refiere al sexo, por allá y por acá surgen gurús y libros que lo explican y diseccionan. Y sin embargo, y quizá por lo mismo, hay una tremenda insatisfacción sexual latente en todas partes. Quizá se le pida demasiado al sexo, quizá se lo viva desde otros lados, desde la exigencia de corresponder a un modelo o algo por ahí. Yo creo que es esto último, y creo también en la desnaturalización del sexo como algo simple, natural, en definitiva bastante animal. Un trámite entre dos que quieren lo mismo: placer. El resto es enredarse, pelearse con lo que se es, buscarle la quinta pata al gato, pedir o exigir demasiado.

Ufff otro día sigo con esta paja. Literalmente. Y feliz cumple a Migue, aunque no me lea.

miércoles, octubre 18, 2006

volver a escribir / feliz cumpleaños Etxe

Volver a escribir, por fin, casi de regalo de cumpleaños para mi dulce amigo, a quien le conozco todos los secretos, al menos le conozco varios que sé que nadie más sabe de él. Y yo misma, cumpliendo años, acá, lejos de las letras, lejos de todo, sintiéndome desterrada del sonido más cómodo y mío, el del teclear incesante, aquel que me hace sentir en mi piel, en mi territorio, la casa a solas y en silencio, y yo frente al teclado de nuevo.
Cómo me cuesta estar sin escribir. Cómo me enfermo sin las letras... ahora lo noto, todo lo que me he alejado, todo lo que he estado sin esto que es casi lo único que de verdad me llena, mi pasión, mi vida, estar con la palabra.
Ellos, allá en Bogotá (al menos él, allá, en Bogotá) insisten en decir que la palabra es un lugar vacío y qué manera de estar en desacuerdo, qué manera. La palabra no es un lugar vacío, o mejor dicho hay tantas metáforas para desvestir a la palabra y explicarla, tantas otras, que decir de ella que es un lugar vacío no me parece. Será que yo no desmiento jamás cierta formación académica, o que simplemente no me creo la fácil salida de nombrarla lugar vacío, porque quizá sea demasiado complejo o arriesgado decir más cosas de ella. Él me dice si acaso la palabra beso es mejor que un beso, o algo por ahí. Cada cierto rato me dicen cosas así, enfermas de ingenuas. Yo sé que las palabras pueden acariciar, seducir, lubricar, enfurecer y hasta sacar de sí. Si lo hacen, si tocan el cuerpo (estoy de acuerdo con Maturana en que las palabras tocan el cuerpo), no lo hacen desde un lugar vacío, sino desde un profundo insondable.
La palabra no es un lugar vacío, casi todas las palabras vienen de otras palabras, o si no, son tan antiguas en su origen que llamar “vacío” al lugar que ocupan (porque es posible que concuerde en que la palabra es, de alguna forma, un lugar) es negar de un plumazo lo que somos, malamente explicado o no explicado de frentón. Lo que sea que somos, lo somos desde que nos acompaña la palabra. No pretendo decir que seamos sólo la palabra, pero bastante de lo que somos, va con la palabra. Tanto así que no consideramos enteramente humano a quien se ha criado en ausencia de palabras, los niños de la selva, niños-lobo o como quiera que se les nombre, no pasaron por la palabra y en efecto, no nos parecen humanos. Somos lo que somos gracias a que un día, hace más o menos diez mil años (las fechas varían) empezamos a coordinarnos, a amarnos, a pelearnos, a alimentarnos no sólo con gestos y sonidos guturales, sino con el código que luego fue dando forma a los idiomas.
La palabra había nacido y sin darnos cuenta, nos habíamos hecho a nosotros mismos en el trámite.
No, no es un lugar vacío, la palabra es la comparación entre el mundo y lo que queremos decir al decir mundo. La palabra es una cuerda tendida hacia las cosas y hacia otros, incluídos nosotros mismos.
No me vengan a joder a la palabra, que todos los que escriben, lo hacen por y para ella, gracias a ella. Y si esto se lee también allá en la fría y alta Bogotá es porque la palabrita ha hecho su trabajo. Peléense con otros conceptos pero no se metan con la palabra, eso es cosa complicada. O sea, si se van a meter con la palabra, háganlo con condón y bien advertidos, que aún así, corren gran riesgo (ahí tienen el triste caso de mi amigo Nadie, ex Etxe, anterior Nadie). No hay lavativa que salve, no hay vacuna que nos inmunice, no hay tu tía. La palabra es cosa seria y yo, humildemente, la respeto, válgame que si no.
Eso sería, más o menos, para empezar. Lamento tener tanto sueño (un asunto de ponerme a hacer churros en la madrugada, todo por el amor a un niño que ni siquiera es mi hijo). Aunque pensándolo mejor, no, no lamento esto de tener sueño. Con sueño me pongo atrevida, cruzo ciertas barreras que antes no cruzaba, y sé que esto ha de llegar a Bogotá también, donde mi querido colega negacionista, poeta porfiado de paladar exigente, al que apenas imagino joven, con una camiseta café (marrón, para no pelear con el resto del idioma). Ni idea porqué lo de la camiseta, pero me lo imagino con camiseta café (acá en Chile decimos polera, pero nadie nos entiende un carajo cuando de ropas se trata, así que camiseta supongo que dejará tranquilo a todos acá y en el resto del idioma), más bien flaco y con cara de crápula, de susto y de piedad al mismo tiempo, es decir con cara-de-poeta.
Para la otra, ya con PC en casa, podré escribir algo más decentito.

Feliz cumpleaños a mi amigo, un poco tarde, pero igual feliz cumpleaños, amigo Nadie-Etxe. Te quiero mucho, y por lo pronto, estas líneas son todo mi regalo para vos. Bueno, no es mucho, es lo que hay.

Como se ve, no estaba muerta, sólo un poco de parranda (más bien demasiado pobre).
Agur.

lunes, septiembre 18, 2006

deliberadamente delibes

leí Los santos inocentes hará cosa de unas semanas. antes, este mismo año, Las Ratas.
mucho, mucho antes (hace unos diez años), La hoja roja, y otro cuyo nombre me es imposible de rehidratar en mi archivo de los libros que he leído.
hace poco tenía puesto Parra al Nóbel en mi msn, y un amigo españolazo me dijo Sí, Parra al Nóbel, pero también Miguel Delibes... y nombró a otro español que se merece el Nóbel por haber escrito, por estar escribiendo.
yo no contesté nada, pasamos a otro tema y el asunto se olvidó, pero yo no he olvidado. estoy absolutamente de acuerdo en que Delibes se merece el Nóbel y observo con una cierta impaciencia rayana en la desesperación, que pasan los años y no pasa nada con el Nóbel español. está viejito, vive en Valladolid (me parece, según las últimas averiguaciones mías). está muy viejito. bueno, allá el Nóbel, eso no quita que sea una lectura más que recomendada.
llegué a Deibes por la misma ruta que me hizo adicta a resolver crímenes de la mano de la gran Christie y Poirot, la ruta de mi madre. a ella le gusta el libro de su vida que es Orgullo y prejuicio, de Jane Austen. y luego la ya nombrada escritora inglesa. y descubrió a Delibes y le encantó. luego leyó otro más y se convenció que el estilo-Delibes era cosa de más de un libro, era cosa de Delibes y de ahí que yo he tratado de encontrarle libros de él, comprárselos y luego regalarle. hablo de mi madre, ay, dios. hablo de mi madre y creo que en verdad no debería, pero Delibes y mi madre están irremediablemente unidos por la buena crítica, el triángulo al que Delibes alude en una entrevista: escritor-lector-editoriales.
pero ¿qué decir de Delibes?
que escribe bien, de manera bonita, usando la humildad del lenguaje y el lenguaje de la humildad. que sabe emocionar sin forzar nada, que mediante el truco de la realidad desnuda, nos lleva a un paisaje en que jamás estaremos (el campo profundo castellano) y eso en sí mismo nos emociona, que es un padre usando las fórmulas gramaticales, pero que no deja de mostrar en los diálogos todo aquello que la España popular se reserva para sí mediante código estrecho...
que, cuando retrata a su pueblo, se retrata a sí mismo, que tiene un profundo aprecio por su oficio, que escribe porque se embaraza de un personjae o de una historia, que es un tío viejito, quitado de bulla desde siempre, más bien tímido y que llegó a la literatura a través de un manual técnico que lo alucinó por su excelencia en la redacción.
una vez me preguntaron si yo, por ser escritora envidiaba a la Allende y su éxito editorial, algo por ahí, me costó entender la pregunta. pero dije algo como que yo, de los escritores si acaso envidio algo es el talento o el haber logrado escribir ciertas obras cumbres.
hasta ahora, no tengo motivos de ese estilo con la Allende, respetándola mucho y encontrando cosas muy lindas escritas por ella, aunque no la he leido tanto.
a Delibes le envidio, quisiera llegar a vieja como él, escribiendo. quisiera llegar a escribir tanto como él. a que mi oficio sea dedicarme a hilar historias, aunque no sean las mismas que las de él. yo soy urbana y él rural, nos divide una abismo atávico.
sin embargo, las historias de Delibes muestran por sobre todo, mucha humanidad. de esa que se nota más limpia de las impurezas que el progreso y la evolución nos han impuesto. habla el paisaje y el coro de personajes. tiene personajes, pero los trata con tanta discreción que uno tarda en identificarlos, son personajes de semblanza humilde, tímida. los dramas nunca están dichos por los personajes, nunca. ellos callan, Delibes habla.
y por dios, cómo habla.

domingo, septiembre 03, 2006

lo que pasa cuando no pasa mucho (odio Septiembre)

hace tiempo que no escribo. bueno, no tanto tampoco. de pronto me urgen a que actualice el blog. el pobre del Etxe, nuevamente llamado Nadie (es su nick blogger, no hay cómo luchar contra eso), él me lo pide. también un tiempo lo hacía el Anto. odio que me urjan a escribir, yo escribo porque dentro mío un alacrán verdoso me aprieta el alma, y sólo me la suelta mientras las palabras vuelen por el aire, o por la pantalla, o por el papel.
bueno, las palabras. así que en verdad no necesito que me urjan más. si quieren, me cogen al alacrán por un ratito, señores.
eso. no es que haya mucho que escribir, en verdad, mis días están angustiados y tensos al máximo. así que el alacrán verdoso (verde, por favor, pero no agua) se afana y ufana en apretar el alma medio deshecha ya de tanto sobajeo y tanto avatar.
eso es. necesito a Etxe en persona, espero verlo antes de cumplir treinta y seis. ojalá no sea de aquellos que septiembre rapta en afanes místicos y/o celebrísticos. lo quiero conmigo al Etxe, no lo quiero borracho como casi todos en septiembre.
odio septiembre. un asunto de ser el mes en que nací (un día en que Dios estuvo enfermo, por supuesto). un asunto de que la celebración por las fiestas patrias se come literalmenet mi cumpleaños, un asunto oscuro de la infancia con milicos por todos lados... el once, que acá ya era trágico desde antes (siempre ha sido trágico el once de septiembre, ya se sabe, michimalonco y todo eso).
por eso, y quizá por qué otras yerbas, odio septiembre. quizá porque la gente se vuelca con alegría falsa a una espiral de aparente buena voluntad, fiesta y festejo. no sé, quizá soy un poco Calamarda, con respecto a septiembre.
así que en eso estoy. ya les dejo saber más de mí.
mi amiga del alma, la Claudia, está con mucha pena, sé que no me lee, pero igual le mando un abrazo a ella. es tan difícil ser madre, amiga mía... espero que la vida se te arregle. que tu cría vuelva al nido, o que como sea, las cosas salgan bien, lo más importante es el amor, amiga mía.
les dejo, ahora es mi crío el que me reclama.

agur.

miércoles, agosto 16, 2006

el hermano que toca guitarra (terminé de leer a la Jelineck)

mi hermano toca guitarra. Etxe toca guitarra y tiene una hermana. la polola (la chica , la novia) de su amigo Eu, tiene un hermano que toca guitarra. en plena fiesta, y estando todos algo colocados, nos miramos, y nos preguntamos ¿qué mujer no tiene un hermano que toque guitarra?

no sé. yo tengo uno. con él aprendí desde chica de todo tipo de música, sobre todo el rock. mi hermano es guitarrero y rockero, por partes iguales. lee partituras y toca guitarra clásica, se esfuerza por horas cuando ensaya, y al igual que yo con el escribir, toca por placer. como que llega a la casa y no se siente bien hasta que pulsa sus guitarras (tiene dos, una eléctrica y otra normalita).

yo desde hace mucho que le conozco sus gustos, muy variados por cierto. AC-DC, Frank Zappa, Iron Maiden, Los Jaivas, qué sé yo... Black Sabath, tantos, Pink Floyd, etcétera. ahora me acuerdo de esos no más. pero es mucho más, de eso estoy segura, creo haber escuchado una montonera de música con él.

gracias a él yo no soy una tipa totalmente ignorante en asuntos musicales. a veces hablamos de música, y trato de entender sus conceptos de plano, polifónico, descompasado, sincopado, entre otras cosas. yo me siento muy orgullosa de mi hermano, creo que toca la raja (es decir, para el resto del idioma, que toca como los dioses) ni idea si es en efecto, así. pero yo creo que toca muy bien y punto. es mi hermano, y yo lo admiro, nunca se lo he dicho, por supuesto, pero a todo el mundo le hablo bien de él. mis vecinos mormones (otro día hablo de mis vecinos mormones) que le han escuchado, dicen lo mismo, que toca muy bonito. así que ha de ser cierto. bueno, mis vecinos mormones no sé si sabrán mucho de música pero no tienen mala música.

a veces viene gente a tocar con mi hermano. yo nunca estoy cuando sucede eso, y supongo que el carrete ha de ser mayor, los rockeros suelen ser bastante buenos para beber. el Etxe me cuenta de sus carretes musicales hasta altas horas, siempre con mucho alcohol de por medio. mi hermano es cosa seria con el alcohol, además. y sus amigotes, uff ni hablar. así que me imagino que la cosa ha de ser bien regada, rock y alcohol.

sexo, drogas y rock and roll, algo como eso. pero no sé, yo no creo que tanto. yo tuve un tiempo asi de desate total, de jugar con la vida, de mucha locura, mi hermano también tuvo un tiempo de mucha locura pero la cosa se anduvo pasando de revolución, y bueno, como dice Prodan mejor no hablar de ciertas cosas. pronto voy a hablar de ese tema, de "mejor no hablar de ciertas cosas", hay tanto ahí.

con Etxe estoy enfrascada en el rollo de hablar de ciertas cosas, convencida de que si se hablan, se exorciza el demonio que nos aprieta por dentro. con Etxe estoy demasiado cercana y quizá por eso he llegado a soñar con sus demonios, los que le quiero exorcizar.
yo también tengo mis "mejor no hablar de ciertas cosas", pero son referidos al daño, a eso que ahora prefiero escribir en el otro blog. éste es mi bloguito el otro es "el otro blog". es cierto, acá escribo cosas mucho más íntimas, pero siempre teniendo demasiado en cuenta al lector. en el otro escribo mis tripas mismas, sin ningún respeto por nadie de nadie.


terminé de leer a la Jelineck (Deseo). ahora entiendo perfectamente el porqué hay personas a las que se les paga por leer y criticar ciertos libros. yo siento que debieran de pagarme por haber leído a la Jelineck. así, cara de palo. no me sorprende que a los hombres les guste la Jelineck.
ahora, también siento que debieran de pagarme por criticarla, je, je, je.
no sé. hay ciertas transiciones en la historia misma (o lo que se entendía de la historia entre tanta alegoría social mediocre injertada a contrapelo) que me parecen demasiado bruscas, como por ejemplo, de pronto, y mucho más allá de la mitad de la novela, resulta que la mujer tiene nombre, y que además es alcohólica y se pega vergonzosas escapadas de su casa. así, de la nada, te tiran ese dato, como tiran tanto dato demográfico o estadístico.
hay pasajes notables, sin embargo, sobre todo cuando aún el lector no se acostumbra a esa prosa esquizofrénica, delirante, de ritmo trepidante, espantosamente soberbio. como dije por ahí, la Jelineck toma al lenguaje y lo maniata, le quiebra una muñeca en ese trámite, le hunde las costillas y lo deja jadeando, reducido, listo para ser aún más vulnerado. la Jelineck se toma en serio, en todo caso, el desafío de todo escritor: sacarle al lenguaje un poco de piel, romperle al menos un hueso. hacer del lenguaje su trinchera particular. mezcla lo que cuenta (la historia, en sí) con las imágenes de lo que genera lo que cuenta con las sensaciones que generan las imágenes. lo hace de manera deliciosa, de no ser porque, lo siento, no estoy de acuerdo con su concepción de lo erótico ni de lo social.
lo erótico asociado en exclusiva al daño, a una toma del cuerpo de la mujer por el hombre, siempre de manera brutal, siempre asociando al hombre al abuso, nunca hablando del placer... no sé. creo que yo soy más simple. me gusta follar, y gozarlo. soy mil veces más animal en la cama, parece.
y lo social, hum, menos, una maqueta, vilipendiada pero siempre maqueta.

eso es cuanto puedo decir por hoy.

saludos a Antonio Luna, donde quiera que esté.

Adeu

jueves, agosto 10, 2006

he muerto de fiebre en los médanos de Singapur (mi hermana, de nuevo)


Es cierto lo que dice Etxe sobre el otro blog. Acá en mi blog escribo distinto. El muy simpático de Etxe abrió ese otro blog y luego, en una más de sus pataletas existenciales (a las que aún no me acostumbro) sentenció vía email que renunciaba a escribir, así de golpe y porrazo. El tono del email me pareció muy convincente, muy serio. Luego, en línea lo confirmé: recién abierto el blog quedaba botado. Entonces se me abrió un apetito por escribir desde otra orilla, otra trinchera, y por supuesto no pensaba escribir tal cual acá. Se lo pedí y me lo dio. Manejo sus contraseñas y nombres secretos como si fueran míos. Listo.
Pero Etxe en una veleidosa pirueta de pronto sentenció que no, que sí quería seguir escribiendo. Y claro, me quedé con dos blogs pero uno de ser mío pasó a ser "nuestro" como el peñalolino insiste en denominar. Bueno, al final se ha transformado en una competencia cerrada, no dicha. Un poco como el Chavo con el Quico, que indefectiblemente salía con una "paleta" gigante si el pobre Chavito sacaba un dulce mísero.
Así las cosas, es extraño deambular por ambos blogs. Acá mantengo mi tono confidencial, de bitácora, de diario de vida, como siempre. En el otro escribo una cosa rara parecida a la literatura. No sé si lo que va acá lo es, nunca lo he sabido.
Bueno, en mi nick del msn puse "he muerto en los médanos de Singapur" y luego "he muerto de fiebre en los médanos de Singapur" para ser purista al hueso. Esa frase era clave entre mi hermana y yo. Recuerdo un montón de locuras y genialidades que con mi hermana teníamos, entre otras, esta, la de los médanos de Singapur. No voy a decir de dónde es. Quien lea, lo sabe. Ese libro fue una clave entre ella y yo. Ella me lleva dos y medio año y creo que es la responsable de mi estimulación temprana en todo ámbito de cosas, sobre todo la locura, la locura necesaria. Yo iba aparejada a sus contenidos escolares, y por lo tanto una tarde ella me habló de ese libro, con tanto entusiasmo que pronto lo leí yo también, de manera desatada, sin pausa alguna para poder llegar luego a un final que me dejó dando gritos de entusiasmo y con ganas de empezar a leerlo de nuevo.
De ahí, a que de cualquier nada y en el máximo del agotamiento sentenciáramos aquello de "he muerto de fiebre en los médanos de Singapur"... Ella lo decía con mirada lánguida y una palidez insultante antes de dejarse caer desmayada. Yo lo puse en el msn creo que sin calcular un carajo. Sin querer mientras hablaba con un amigo le contaba todas las locuras que con ella hacíamos, por ejemplo lo de ponerle música a la arenga de Prat.
Arturo Prat es el plus ultra sumum de los héroes chilenos. Dicen que antes de saltar desde la frágil Esmeralda al Huáscar se mandó ese speech. Yo dudo que haya sido tal cual. Pero cuando niñas, no sé, supongo que me la creía. Teníamos un póster de Prat con la famosa arenga. Aburridas, un día le pusimos música. A toda la arenga, de pe a pa, una música extraña, con agudos propios de una ópera. En fin. Hasta el día de hoy me la sé de memoria, la arenga de Prat. Curioso, no me pasa lo mismo con "A Margarita Debayle". A ese poema también le pusimos música pero apenas recuerdo las primeras palabras y me enredo.
Está claro, lo confirmo al hablar con Etxe en su pieza: mi hermana fue la que me marcó el camino de la locura creativa, por todos lados ella aparece.
Ay, qué sopor. "He muerto de fiebre en los médanos de Singapur..."

sábado, agosto 05, 2006

santiago no cae en cien palabras

digo bien. no cae, no quise decir cabe.

además, no cabe. pero eso es otro cuento. participé del famoso concurso creo que por segunda vez. en esta ocasión con aún menos esperanza: está Fuguet de presidente del jurado, y no se sabe bien porqué eso desanima a cualquiera.

lo bueno de eso, fue que con Etxe (ex Nadie) nos dio por frenética escritura de todo lo que se nos venía en mente, pero en cien palabras. incluso animamos a otro amigo a escribir con su nombre cuentos que de pronto me susurraba una musa maligna que se excita ante el sonido de la caja regsitradora (cash... tin).

así no más es. pero santiago no cabe ni cagando en cien palabras, además no cae en cien palabras. santiago merece por lo menos unas quinientas hojas, lado y lado y aún así nos quedamos cortos, santiago es enorme y bella, y nadie lo nota, o poca gente lo nota, y como dije en el título de una de esas miniproducciones amo esta ciudad porque te sé en ella.

la cosa incluso aparejó un método particular, muy propio, de divivir las hojas, escribir a mano, pegar la bendita hoja en el monitor del ciber, escribir, pegar, mandar, criticar en conjunto. nada me dio más placer que Etxe me mandara lo suyo y yo lo arreglara. Etxe me es por completo incondicional. si yo le dijera "escribe caca, mierda, pichí, y semen", pues de seguro que eso escribe. hasta ahora me sigue mis instrucciones pero hay que decir que le ayudan un montón, sobre todo Quiroga.

es raro, él me vive alabando y yo cada vez más lejana de mí misma. yo cada vez me siento como César Vallejo, el gran poeta peruano, siento que nací un día que Dios estuvo enfermo...

estar sin escribir me hace mal, hacerlo a mano no es lo mismo pero incluso eso salva, gastarse lo que no tengo en venir al ciber, a descargar lo que no salva, mientras sé que Anto-Granada la pasa pésimo, las peores vacaciones de su vida, pobrecito mío, pobrecito amigo mío. un abrazo para él. que me imagine rodeada de frío mientras se asa y se desgasta, y por favor que me escriba, sin parar.

sí, como Vallejo, yo nací un día que Dios estuvo enfermo,

Grave.

domingo, julio 30, 2006

mis amigos instantáneos, mis amigos de a poco, mis amigos y las letras.

Algo que me caracteriza es lo central que en mi vida son los amigos. Mi hijo tiene claro que para mí, la amistad es fundamental. Que la amistad es el valor supremo. Un amigo siempre tiene abiertas las puertas de la casa, digamos. Un amigo siempre es prioridad.

No soy la mejor amiga que pisa la tierra. De hecho, soy muy mala amiga. Me junto con los que me junto por el puro placer de hacerlo, me junto de puro egoísta que soy. A veces, es cierto, doy de mi tiempo para otros, y dicen que soy muy generosa en ello.

Pero eso no pasa siempre. Con respecto a la literatura, por ejemplo, no hay caso. Si se junta amistad y letras yo no tengo salida, quedo atrapada indefectiblemente en esa relación, y aviso que es para siempre. Aunque han pasado años sin saber de mis compañeros de taller (años, muchos años, mi hijo nació en el taller, y ahora tiene 9 años), si los volviera a ver, seguro me quedo pegada horas y horas si me pillo de nuevo a Wallace o Fajardo, qué decir de Asfura o de Dalton. Y sin embargo al que más extraño es a Alan. Alan fue el primero que me habló de Syd, una buena parte de sus cuentos hablaban de Syd, así a secas, sin especificación alguna. Uno tenía que ser avispada y enterarse de manera instantánea que era de Barrett de quien se hablaba.
Extraño a Alan. Extraño su juventud eterna. Quisiera saber si creció, si se transformó, finalmente en un ser normal o si aún le sigue sacando chispas a la vida con sus palabras mordaces, químicas, radioactivas.
Dicen que ya no escribe, que se metió de lleno a la música. Cosa muy normal entre quienes aman escribir, hay un músico escondidito en el fondo de muchos poetas. Y es normal, la música y la poesía, la poesía de la música, siempre han estado juntas, y no es de extrañar. Lírica, le dicen a la poesía, cuando de diferenciarla de la narrativa se trata…

Mis amigos escritores. Mis amigos que se juntan conmigo por ser yo escritora. Esto queda pendiente. Hablar de mis amigos, hablar de amistad y literatura. Eso da para varias novelas, como Auster. Esto da para todo.

Cuando conozco a algunos de ellos, sé de inmediato que seremos amigos siempre. Con otros la relación se desarrolla entre nosotros de manera involuntaria. Nos vamos apegando sin calcular las pisadas, asumiendo que el campo está despejado de minas que nos pueden destrozar el alma, sabemos, instintivamente, que el otro está ahí, aunque no lo podamos ver claramente, lo presentimos y damos el paso, y nunca erramos.

Mi amigo Etxe es de estos últimos, sentimos que nos conocemos de toda la vida, que son años de amistad, cuando en verdad aún no llevamos un año. Con otros, ha sido de manera instantánea, empezamos una conversación que no para más. Con Etxe también es así, pero referido a la conversación, es decir a hablar de letras. Empezamos y no paramos. Pero el vínculo, es distinto, cada vez somos más intensos con Etxe.

Con Checho, con la que otea, con otros, ha sido de golpe y porrazo.

He de escribir acerca de Checho y de Claudia, ambos aún viven en la ciudad que me vio nacer, ellos son responsables de mi existencia. Ellos me hicieron sobrevivir, digamos. Ya he de poner algo de eso, o más bien, eso ha de ir en una novela nueva. La otra, la novela “vieja” está en remojo por razones técnicas.
Pero no desespero. Ya viene, de hecho, ya está escrita. Sacar ripio, poner terciopelo y miel es más difícil que escribirla entera. Corregir es otra cosa, aprendo de ello y trato de escribir corregido de inmediato, pero sé que es una idiotez plantearlo así.

Prostituyo mis letras para ver si gano un poco de dinero, digamos en castellano: concurso a algunos concursillos pocos. Es triste decirlo, pero de verdad me interesa el dinero, nada más. Sigo escribiendo por gusto, pero necesito dinero, es todo.